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De Pekín a Xi’an: 15 horas de aventura extrema para NO repetir,…, ni olvidar!

26 Dec

Después de pasar unos maravillosos días en Beijing (Pekín), venía el siguiente destino en el viaje a China: Xi’an. Uno de los más fabulosos hallazgos arqueológicos en la historia de la humanidad, los casi 8,000 guerreros de terracota mandados a construir hace 3,000 años por el Primer Emperador, el controvertido Qin Shi Huang y encontrados fortuitamente por unos campesinos que estaban dragando un pozo, hace poco más de 36 años, merecían el esfuerzo de 1,114 kilómetros de viaje y 15 horas en tren.

El viaje no comenzó muy bien. Fuimos a comprar los tiquetes 3 días antes y se habían agotado los de los “trenes buenos” (categoría “Z”). Es decir, los más modernos y rápidos y en los que podíamos estar en la comodidad que tuvimos en el viaje de 24 horas de Hong Kong a Beijing (ver crónica). Coincidió nuestro viaje con un festivo nacional y eso es grave en un país de 1,340 millones de personas!

Acceso a estación de tren de Pekín

En el salón en donde se compraban los tiquetes podría haber fácilmente 1,000 personas. El ruido entre los anuncios del altavoz y el de la gente era ensordecedor y en la única fila en donde atienden en Inglés nos ofrecieron espacio únicamente en el tren T312. La única información que logramos obtener, de las múltiples preguntas que hicimos era que teníamos que estar sentados las 15 horas. Punto. Sin pensarlo demasiado, aunque un poco preocupados de la compra a ciegas que estábamos haciendo, pagamos los tiquetes. Precio: 150 Yuanes por persona ($23 dólares americanos). Demasiado económicos, y como dicen por ahí: todo exceso es malo…

Tablero con itinerario de los trenes…

Filas para compra de tiquetes de tren

Pasaron los días y llegó el momento del viaje. La estación estaba saturada de gente. Eran las 8 de la noche. La fila de nuestro tren, dividida en unas 8 desorganizadas entradas diferentes podría tener 100 metros. Vimos el tren por fuera y parecía igual al de Hong Kong. Ingresamos. El vagón tenía, a un lado filas de tres sillas enfrentadas unas a otras, y al otro, filas de dos sillas también enfrentadas. Nos tocó en fila de dos. Al vagón entraba y entraba gente sin parar. Los olores arreciaban. Los chinos, seguramente por el tipo de comida que ingieren, tienen un olor característico muy fuerte para nosotros. Esto sumado a sudor, y “otros” olores, el ambiente se ponía denso. En la separación entre un vagón y otro, y sin el tren haber partido, vimos al primer pasajero fumando. Los que nos conocen saben que el humo y el olor del cigarrillo es una de las cosas que más nos pueden fastidiar. Mónica y yo no nos hablábamos, solo observábamos. “Alguien va a poner orden en cualquier momento, en el video decían que fumar no estaba permitido… ni tampoco escupir…”, quizá pensábamos en silencio.

El tren partió, y automáticamente todas las personas sacaron sus bolsas con comida y comenzó un nuevo desfile de olores, ahora alimenticio. Casi sin excepción, todos los pasajeros llevaban esa especie de baldes pequeños con noodles deshidratados que al agregársele agua caliente se disuelve el contenido, y el plato queda listo para comerse. El olor que generan es una combinación entre caldo de gallina vencido y carne de cerdo pasada, mejor dicho: huele horrible. Todos desempacan sus “palitos chinos” y a sorber! No a comer, a sorber! Entre risas de los vecinos, ambiente relajado, sorbida va y sorbida viene, no han pasado ni 30 minutos y el ambiente sobrecoge a Mónica hasta las lágrimas. Lo angustiante no era tanto lo que estaba ocurriendo, sino que más podría pasar en las 14 horas y 30 minutos que faltaban para llegar! “¿Qué estamos haciendo acá?”, me preguntaba Mónica, y acaté que contestar: “Vamos para Xi’an a ver los guerreros de terracota!” no era una respuesta inteligente, así que el silencio fue la respuesta más conveniente.

Comenzamos a oír que alguien venía gritando por el pasillo. Vimos y se trataba de una mujer del staff del tren. Se paró al lado nuestro y comenzó a vociferar en voz alta y a escribir unos números en un tablero y a hacer unas operaciones. Nos dimos cuenta que lo que estaba era vendiendo unos libros y CDs para mejorar las capacidades matemáticas de las personas. Parecía muy particular la escena del vendedor-tripulante  y la manera tan animada en que hacía su labor de promoción, así que le hicimos video (pronto lo subiremos en YouTube).

El tren comienza a parar en una estación, y mientras termina de desacelerar, vemos por la ventana decenas de personas esperando para ingresar a nuestro tren. Hasta ese momento, solo dos personas estaban de pie en nuestro vagón. Nadie se baja al detenerse el tren, pero en cambio, un batallón de gente comienza a poblar los corredores del vagón. La escena del sobre cupo tan bárbaro que estábamos viendo era de verdad de “no te lo puedo creer!”.

La esperanza de que “alguien pondría orden” con el tema del cigarrillo se esfumó. Durante todo el viaje hubo al menos 3 personas fumando constantemente, y parecía que todos los hombres del vagón (ninguna mujer) fumaban. El aire no podía estar más pesado y contaminado. El más “descarado” de todos fue un chiquitín con cara de caricatura, que comenzó a fumar justo al lado nuestro, seguro le dio pereza caminar siete pasos hasta donde el resto estaba fumando. Lo llamé con señas y le pedí que fumara en otro lado. Definitivamente era pereza, ya que apagó el cigarrillo al son de la sonrisilla de sus acompañantes.

En una de las muchas paradas que tuvo el tren pensamos en bajarnos. Pero mirábamos hacia fuera y no teníamos la más mínima idea de dónde estábamos y se veían esas moles de edificios intimidantes a lo lejos con letreros en mandarín en sus fachadas. Pensamos que podría ser incluso peor bajarnos y preferimos aguantar hasta el final.

Las horas pasan lentamente y la cosa no mejora. Tenemos un espacio de interacción con nuestros vecinos del frente y comenzamos a comunicarnos con el traductor simultáneo que llevábamos, ante la mirada de los vecinos que siguieron la conversación. Uno de ellos nos pregunta en mandarín que si es primera vez en China y nos da la bienvenida. Notamos que se quejaba como de acidez y le regalamos un sobre de Sal de Frutas. Lo mira y no sabe que hacer con el sobre, así que tratamos de explicarle. La medicina le parece muy extraña y deja el sobre entero encima de la mesa. Le contamos del dolor de cabeza de Mónica por el olor de cigarrillo. Sonríe, pero creemos que no entendió bien porque al momento saca su maletín y le ofrece un cigarrillo!

El cansancio comienza a apoderarse de todos y se siente un poco de silencio y de “paz”. Se ven las caras descompuestas de la gente por el cansancio, que deben ser las mismas nuestras por la larga jornada. Salgo a dar un paseo por el vagón, pensando en que voy a pasar por otros vagones para ver si la cosa estaba tan mal como en el nuestro pero la cantidad de gente atravesada en el piso, a pesar de que muchos ya se habían bajado, no me deja avanzar. Hago un video tomado en secreto (pronto estará en YouTube).

Una silla atrás nuestro pero en la fila opuesta, hay una familia con un niño de unos 10-12 meses. El niño lloró varias horas y alcanzamos a comentar que había alguien que la estaba pasando peor que nosotros. En un momento que Mónica se puso de pie para estirar las piernas, vuelve a ver hacia a atrás y nota que el pantalón del niño tiene una abertura en la cola y que no tiene pañal. Ve como la mamá sostiene al niño y sin más ni más, permite que orine en la alfombra!!! Sí, muchos signos de exclamación!!! La señora sonríe con su dentadura picada de las sendas caries que tenía y lo vuelve a cobijar. Asunto arreglado. El baño putrefacto que tenía a pocos metros no fue una opción adecuada, la alfombra, sí. Mónica me pregunta: “¿Qué más puede pasar después de esto?” y yo prefiero no pensar en la respuesta ya que en ese punto cualquier cosa puede pasar.

El tiempo pasa lento, muy lento. Llevo el reloj en el bolsillo, solo para no verlo. Comenzamos a divagar respecto a la experiencia cultural del momento. Elucubramos sobre la posibilidad de que pronto, todo ese video pasará a ser una anécdota más del viaje. Echamos mano de las herramientas de crecimiento personal que hemos aprendido para tratar de encontrar un símil entre lo que estábamos viviendo y la teoría de los talleres. Hablamos sobre la posibilidad de que esos “estiramientos” en la vida son los que forman el carácter. Nada funcionó. Pasadas 14 horas de viaje, ya los guerreros de terracota pasaron a ser “los HPs guerreros esos, que ni deben valer la pena verlos…!”.

Llega el tren a Xi’an y damos por terminado el viaje.

Tuvimos sin duda una experiencia cultural extrema. Se chocaron de frente como trenes (para ponerlo en el contexto del viaje) nuestros valores y los de ellos, nuestras maneras y modales y las de ellos, nuestra cultura y la de ellos. Pero solo nuestro tren fue el afectado.  Como siempre, como cada cosa que ocurre en la vida, uno tiene al menos dos caminos, en este viaje pudimos haber tomado el camino de la no afectación, pero no lo logramos, nos pudo. Eso no tiene nada de malo, simplemente, es.

Pasaron ya algunos días desde ese 10 de septiembre y ya todo se va volviendo una gran anécdota, no hay duda de que ésta será una historia de las más ricas de contar en el futuro y quizá por eso teníamos que vivirla.

Si alguien necesita asesoría de cómo tomar trenes en China, contáctenos!! Je je je!!

Zie zie!! (Chao en Chino!)

P.D.: La visita a los guerreros de terracota en Xi’an, fue genial! No dejen de visitarlos si van a China. Acá les dejamos algunas imágenes!!

Campesino que encontró por primera vez los Guerreros de Terracota. Hoy en día es una persona muy famosa.

 
5 Comments

Posted by on December 26, 2011 in Asia, China

 

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5 responses to “De Pekín a Xi’an: 15 horas de aventura extrema para NO repetir,…, ni olvidar!

  1. natalia

    December 26, 2011 at 11:47 pm

    increible lo que puede uno llegar a ver en la vida, pero como dicen, una anecdota mas que contar..

     
  2. Alexandra Castrillón

    December 26, 2011 at 11:53 pm

    Amigos! Aunque ya me habían contado partes de la historia, definitivamente los detalles que cuentan acá son increíbles! En realidad fue una experiencia fuerte y me alegra que “sólo” haya durado 15 horas. Creo que en general fue mala suerte, por el festivo… De los 4 trenes que tomamos no tuvimos en ninguno tantos inconvenientes, en general la gente fumaba entre vagones, no escupía y no nos tocó lo del bebé orinando, aunque los noodles que huelen horrible sí eran una constante.
    Abrazos por ser tan valientes!
    Alex

     
    • VIAJANDO EL MUNDO

      December 26, 2011 at 10:21 pm

      Hola Alex! Si, sin duda toda esta experiencia tuvo que ver con el festivo. De todos modos qué bueno que sucedió así para contarlo! En los otros dos trenes nos fue súper bien, solo fue este la “perla”. Un abrazo y éxitos en el regreso a casa.

       
  3. Viviana Alvarez

    December 27, 2011 at 11:49 am

    Increíble, bendita sea nuestra cultura!

     

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